viernes, 6 de mayo de 2011

De cómo se produjo “LA MULA” y se torcieron las cosas

En Europa hay dinero (o había dinero) y herramientas para poder hacer películas más ambiciosas. En cuanto a ambición, me refiero a que ambicionen ser competitivas y dignas del gran público que al fin y al cabo es el que lo paga con sus impuestos.


Financiar una película “ambiciosa” se convierte en una tarea tan complicada como la construcción de un castillo de naipes y por eso al final se produce mucho cine europeo que solo accede a una o dos de las herramientas que existen para financiar cine: eurimages, subvención, incentivo fiscal, etc. A esto le suman la venta por los derechos de antena, lo que ponga el productor (en el caso de que ponga algo) y casi todo se queda en “películitas”, como las definió Guardans: "El cine español tiene ágoras y peliculitas" , definición que evidentemente sentó muy mal a aquellos que hacen “películitas”.

(Mi opinión, que es bastante simple, es que las películas no son buenas o malas según cuanto cuesten. Hay películas enormes que se han hecho con muy poco dinero y películas aburridísimas que han costado los dos ojos de la cara y un riñón. Lo importante es la historia y después saber cuanto cuesta contar esa historia.)

“La Mula”, sea o no una peliculita, cosa que deberá juzgar el público cuando la vea, es en cualquier caso una película de época y por lo tanto, es más costosa que una película de hoy en día. Esta es una de las razones por las que fue necesario echar mano de todas las herramientas europeas que están a nuestro alcance para construir nuestro frágil castillo de naipes. Y la razón por la que es tan complicado explicar cómo se produjo la película y tan fácil complicar la verdad sobre cómo se torcieron las cosas.

Pero en realidad la explicación no es tan complicada, es muy sencilla:

Los co-productores necesitaban un préstamo para cumplir con sus obligaciones financieras pactadas y firmadas en el contrato de co-producción. Como no podían o no querían dar sus propias garantías, me exigieron que firmara contratos que me obligaban a mi productora:

- A ceder el % que le corresponde a Gheko por los derechos internacionales a Workhorse a cambio de una libra.

- A devolver el préstamo de Workhorse con el dinero de las subvenciones y contratos españoles sin deducción ninguna.

Y Michael Radford se marchó del rodaje cuando no cedí ante sus presiones.

La situación se agrava cuando debido al comportamiento de Radford se retiran algunas fuentes de financiación y los organismos públicos, lejos de reprobar esta conducta, apoyan a los co-productores incumplidores, se ponen de acuerdo entre ellos y el ministerio de cultura pone en marcha el procedimiento para censurar la película.

Los co-productores no ponen su parte de la financiación, el director se marcha, y el ministerio censura.

¿Por qué? ¿En protección del “interés público”? ¿En beneficio de las futuras co-producciones?

Si la película no se estrena me llevarán a la ruina y no podré devolver a los bancos los más de 4 millones ya invertidos, ni podré pagar a los proveedores a los que se les debe todavía dinero.

¿Así se protege la industria del cine español? ¿Así se protege el cine europeo?

Lo siento pero no.

¿Qué intereses ocultos son los que se están protegiendo?

Se ha interpuesto una querella criminal y deseo que el juez ordene que se investigue.

Deseo conocer la verdad.

Alejandra Frade